2 mar. 2012

Una pistola calientita.

Todas las noches, después de cerrar el bar a media noche, regreso a mi casa montada en mi flamante bici. Guadalupe Zuno, Lerdo de Tejada, La paz... y en esa esquina está una de mis construcciones favoritas de la colonia, me imagino viviendo ahí, con el cuarto de los ventanales lleno de utilería y equipo fotográfico, sonrío, López Cotilla, Av. Vallarta, y por ahí antes de Justo Sierra está otro pedazo de urbanidad nocturna que adoro, siempre bajo la velocidad cuando paso por ahí, las luces de la calle y los árboles que crecieron tanto para con sus ramas más altas abrazar a los de la acera de enfrente a modo de puente, el reflejo en el asfalto, la soledad, soy feliz.

Antes de llegar a Av. México afuera del Red Pub, se pone un muchacho con un horno móvil que tiene forma como de caracol degollado y vende algo que no sé qué es pero que siempre se me antoja, después el viene viene de la esquina me sonríe, yo le sonrío también.

El trayecto nocturno a mi casa se ha vuelto una de las cosas que más disfruto en el día, anoche mientras pedaleaba, hacía una lista mental con todo lo bueno y divertido que tiene mi vida en estos momentos y supe que necesitaba que quedara constancia de esto, de que soy feliz.

Desde que el año empezó, las cosas han mejorado, ahora vivo sola en una colonia que me divierte mucho, trabajo en un bar-hostal donde he conocido a las personas más interesantes y coloridas de todas partes del mundo, trabajo junto a mi mejor amiga, he tomado muchísimas fotos, he cogido increíble, he descubierto placeres de pobre y he comido como rica, he vuelto a leer libros que tenía años sin abrir, me he llenado los ojos con paisajes de cuento, le he pedido a más de un camionero que me deje subir porque no traigo ni para el camión, lloro de risa por lo menos una vez al mes, he vuelto a sentir las cosas más cursis, me pongo rosita y pendeja y digo cosas que tenía años sin decir. Me emociona encontrar un nuevo sabor de té en Soriana, cuidar perros grandotes que me rasguñan y me babean, ver a mis amigos, chismear con mis mujeres, abrazarlas, dormir con alguien que me hace reír, temblar, llorar.


Mis ansiedades, insomnios, mis oscuridades, siguen estando pero ya no me peleo con ellas, de momento ya no manejan mi vida, las pasé al asiento de atrás, me senté al volante y en el estéreo puse un playlist mamón de bonito.

8 comentarios:

Pancho dijo...

Te envidio... :]

Sergio Becerril dijo...

Y entonces qué con los tweets de los rumis? Son imaginarios o qué?

Inge Juanito dijo...

Describes la forma en ke se debe vivir la vida! se me antoja morder esos labios!!! :)

La Crónica dijo...

Los guapos del horno en forma de...¿caracol? venden pizza.

Señor Papa dijo...

Qué bueno que ya tan pronto te curaste de ese malestar que hacía que te horrorizara coger, corazón.

chalchipinke dijo...

Los carritos con hornos en forma de caracol y chiflan... son camotes enmielados.

MAKROS dijo...

Buen rato que no pasaba por estos lados, me encanto tu relato que bien que encontraste una estabilidad y pues podríamos hacer una quiniela de que vende el del puesto en forma de caracol yo igual creo que vende camote jejejeje

Anónimo dijo...

Lastima, ya no hay más post que leer. Me gusta como escribes y describes la vida, cuando sea grande quiero ser como tu.