21 oct. 2010

Aprendiendo, endo, endo.

Si de algo estoy segura, es que nada se mantiene por demasiado tiempo. Cada que volteo la cabeza es para darme cuenta de que algo cambió y yo aquí estoy, agarrando las curvas cerradas, aprendiendo con poca gracia, tomando decisiones, levantándome y sacudiéndome la tierra de las rodillas.

Mi vida ha dado varias vueltas.

Como muchos ya saben, mi mamá se casó (y si lo supieron también recuerdan mi bromita del pastel de las chivas que pedí para su boda jijiji) y se fue a vivir a cd. Guzmán con mis hermanos, dejándonos así a mi abue y a mi en una casota a jugarle a la roommateada. Ha habido de todo, días muy buenos, días medio raros, malentendidos, pero también un gran acercamiento entre las dos, la neta es que tengo una abuela que es una chingonada de mujer. Si creyera en Dios, pensaría que me la enjaretó acertadamente porque tengo mucho que aprenderle. Como no creo, solo me da gusto tenerla conmigo. Es pesado llevar los gastos de una casa tan grande entre ella y yo nomás, pero ahí la llevamos, estamos aprendiendo sobre la marcha y creo que no lo hacemos tan mal.

Extraño cual loca desquiciada a mis hermanos, pero también agradezco haaarrto ya no vivir con mi mamá. La quiero enormemente pero la vida nos ha enseñado que somos bastante alérgicas la una a la otra y que de lejitos nos vemos más bonitas.

Mi roomie (osea mi agüela) se fue hace poco a pasar un rato en Tijuana, dejándome así la casa para mi solita lo cual ha incrementado la diversión en este cuchitril un 200% pero también, una vez pasada la novedad, inmediatamente me enfrenté de nuevo con que yo no sé estar sola y adopté a una prima que ahora vive aquí entre semana. Como además de eso vivo y muero por la gente que quiero, después adopté a otro amigo maltratado y si sigo así creo que cual Señora que rescata perritos callejeros tendré aquí a medio Guadalajara y mi mamá -que sigue siendo la dueña de la casa y de repente llega sin avisar- me va a coger tan duro que se me van a salir los ojos. Por las orejas. Así.

De entre toda la bola de chingaderas que he tenido que asimilar, el aprender a caerme bien en la soledad no ha sido una de ellas. Suena más complicado y dramático de lo que realmente es pero verán, no lo sé explicar de otra manera. Yo y mi cabeza no nos disfrutamos. No sé pasar más de 2 días sola porque el "yupiii, estoy solaaa" se evapora y se va tal como llegó. El gusto de andar por toda la casa bailando en calzones se apaga y muta en una sensación de ahogamiento que racionalizada sé que es muy tonta, pero sigue estando ahí. Está por demás decir que no me gusta sentirme así.

Me pregunto una y otra vez cómo chingados hacerle para no querer escapar de mi misma.

Las cosas no están tan mal. Yo soy la que no está tan bien... pero desea realmente estarlo. No solo de dientes (y dedos) para afuera, sino con auténtica convicción.